Crónica tardía de cómo fue que Serrat nos vistió de fiesta.
- 3 mar 2014
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Apenas llegar al lugar del concierto y toparse con personajes que bien podrían haber salido de las crónicas serratianas como La aristocracia del barrio, Ciudadano, Buenos tiempos y Algo personal, gente…qué poco saben de nada, nada de nadie, y son…ciudadanos importantes: hijos predilectos, científicos admirados, tiernos poetas galardonados, intermediarios, ciempiés, políticos de salón… y nueve de cada diez estrellas, lo son. Y sí, a más de alguno de los presentes se les ha visto…rodeados de protocolo, comitiva y seguridad, viajan[do] de incógnito en autos blindados a sembrar calumnias, a mentir con naturalidad, a colgar en las escuelas sus retratos… [negándonos] a todos el pan y la sal. Previsible que era por el elevado precio de las entradas.
Cierto también, que…con los vientos en contra, los bolsillos temblando [literal] y el alma en cueros…va el ciudadano…seguidor de la espléndida trayectoria del noi del Poble-sec, (el niño del barrio de Pueblo Seco) ya con sus setenta encima y casi cincuenta en los escenarios. Otros, en cambio,…viendo escaparse los sueños como los vientos…en tanto llegue el día de los elegidos, cuando el eco los devuelva del olvido…no pudieron acudir. Aquí se los narro.
Puntual, aparece El Nano. Le anteceden sus músicos encabezados por Ricardo Miralles, al piano y como director musical. Uno de sus grandes arreglistas.
Hoy puede ser un gran día, imposible de recuperar, un ejemplar único, no lo dejes escapar. Con esa invitación da inicio el concierto Joan Manuel Serrat. El público le recibe entregado porque sabe que…De vez en cuando la vida nos besa en la boca, y a colores se despliega como un atlas…se hace de nuestra medida, toma nuestro paso…, canción con la que sigue Serrat seduciéndonos con su presencia.
Continúa con una selección de temas más recientes -o menos clásicos- como Muñeca rusa, Me gusta todo de ti y Hoy por ti, mañana por mí, éste de la más reciente producción resultado de la fructífera colaboración con Joaquín Sabina, que hace unos meses también pasará por aquí.
Pare (Padre) es ocasión de recordar su origen catalán. Entona sus premonitorios versos -hace cuarenta años, recuerda, fue grabada- sobre el deterioro ambiental y la destrucción de la naturaleza a manos de empresas depredadoras: Padre, dígame qué le han hecho al río que ya no canta…el bosque ya no es el bosque. No parece darse por aludido nadie, siendo que un buen porcentaje del respetable habita la zona poniente de la ciudad que crece a expensas de la Sierra de San Miguelito. ¿Será que la canta en catalán? Aunque la tradujo entera antes de interpretarla.
Poseedor de enormes tablas que su largo recorrido por los escenarios le ha desarrollado, entabla diálogos con el público que le llama en un espacio que se presta a la intimidad. La cercanía espacial entre artista y público -de primeras filas-, lleva a más de alguna a solicitarle un autógrafo, entregarle un arreglo floral, saludarle de mano, posar para la foto y leer la manta que otros despliegan. No se niega a hacerlo hasta que el desborde de la gente, lo hace imposible para la continuidad de la presentación. Entonces sobriamente, sigue en lo suyo. No sin ironizar con una dama que le seguía solo a través de la Tablet con la que le grababa. Celebró que la apagara y le viera en directo, es bueno, dijo.
La introducción musical de Mediterráneo, es ocasión para presentar a los espléndidos músicos que le acompañan y luego entona ese himno personal al mar que le vio nacer y le forjó.
Luego los ineludibles clásicos. Los ampliamente conocidos Titiritero, Tu nombre me sabe a yerba [que dedica a Lucha Villa, presente en la sala], Para la libertad, una versión intimista de Penélope con prevalencia de guitarra y piano. La sorpresa son dos joyas pocas veces incorporadas a sus presentaciones en vivo: Poema de amor, ese verso de juventud, de cuando se tiene sed de veinte años, el cual entona, sin preámbulo, directo al corazón desde la exquisita sensibilidad de su letra y uno no puede evitar ser trasportado allí, en la arena…donde te sentí, donde te escribí, mi poema. Luego -como dice Sabina- le tiembla el corazón en la garganta cuando Currito “El Palmo” llora el menosprecio de Merceditas, la del guardarropa del tablao de “El Lacio”: ¡Ay, mi amor! ¡Sin ti no entiendo el despertar! ¡Ay, mi amor, sin ti mi cama es ancha! ¡Ay, mi amor! que me desvela la verdad. Entre tú y yo, la soledad, y un manojillo de escarcha. No importa que no nos hiera el desgarrador violín del arreglo original, basta su voz y su sensible interpretación. Para algunos, con solo ello quedó saldado el alto precio de la entrada.
Coqueto y condescendiente con el público entregado, rememora la ya larga historia de su encuentro y cercanía con México, desde aquél día de muertos del sesenta y nueve cuando, dice, aún estaba fresco el llanto de Tlatelolco y cantó por primera vez en Bellas Artes. Y donde debió vivir el exilio franquista hace casi cuarenta años, aunque eso no lo menciona. Canta, entonces, De un mundo raro de José Alfredo Jiménez que incluyera en el disco donde su alter ego Tarres-Serrat canta música latinoamericana, Cansiones -con s- como se dice acá.
Si algo choca a los puristas serratianos -entre los que lamentablemente me cuento-, es que la gente repita tres veces la frase final del estribillo de Cantares, el famosísimo, golpe a golpe, verso a verso, en cada uno de los tres estribillos siendo que esto solo-debe-hacerse-en-el-último (énfasis añadido). Debe estar acostumbrado El Nano al gazapo, ya que conduce el coro hasta el final sin sobresaltos. Con Benito, ocurre algo parecido. Menos conocida por ser parte de un disco noventero, incesantemente aplaudían al término de cada estribillo, pensando que era el último, algo bochornoso, pero Nadie es perfecto, el propio disco donde fue grabado este tema de humor trágico, pareciera justificar el lapsus que denota la ignorancia casi colectiva de buena parte de la producción discográfica serratiana más reciente, de los noventa para acá, por decir lo menos. De esas épocas interpreta también Disculpe el Señor, un tema de humor distópico donde el mayordomo informa al pudiente dueño de casa que…más y más pobres siguen llegando…esos [que] no se han enterado que Carlos Marx está muerto y enterrado.
Al final del concierto vienen los tradicionales amagos de irse y volver, parte del ritual compartido, donde nos trae a Esos locos bajitos, un golpe directo al corazón cuasi y post cincuentero, algunos de ellos -pocos- acompañados de sus jóvenes hijos a los que…Nos empeñamos en dirigir sus vidas sin saber el oficio y sin vocación… y a quienes, sin embargo…Nada ni nadie puede impedir que sufran, que las agujas avancen en el reloj, que decidan por ellos, que se equivoquen, que crezcan y que un día nos digan adiós…
No llega Señora, la más solicitada por el respetable, pero sí la Fiesta con su verso…se acabó, el sol nos dice que llegó el final, por una noche se olvidó que cada uno es cada cual. Vamos bajando la cuesta, que arriba en mi calle se acabó la fiesta. Pero hay más.
Ese jueves veintiséis de febrero…Temprano levantó la muerte el vuelo, temprano madrugó la madrugada, temprano está rodando por el suelo…Un manotazo duro, un golpe helado, un hachazo invisible y homicida, un empujón brutal había derribado a Francisco Sánchez Gómez: Paco, a quien entre tantos que había en Algeciras distinguían por ser el hijo de Lucía “la portuguesa”, de allí que le conociéramos como Paco de Lucía. Nomás salir al escenario, Serrat le había dedicado el concierto. Terminó cantando Lucía. Su gesto final enviando un beso al infinito dejó en claro la dedicación de los versos: Vuela esta canción para ti, Lucía…No hay nada más bello que lo que nunca he tenido. Nada más amado que lo que perdí. Perdóname si hoy busco en la arena una luna llena que arañaba el mar...Tus recuerdos son cada día más dulces, el olvido sólo se llevó la mitad…
(Artículo publicado en La Jornada San Luis y Revista Transición)
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