República lírica a cínica
- Martín Faz Mora
- 14 sept 2006
- 2 Min. de lectura
La instalación en el poder del conservadurismo derechista a través del PAN, en esta ocasión mediante la abierta ilegalidad y la impunidad descarada, ha traído aparejado el surgimiento tanto de la economía de compadres, como de la democracia degenerada y el gobierno de los peores.
La aportación al gobierno de los peores no es solo del partido en el poder, pues los efectos de la democracia degenerada corroen al sistema político en su conjunto.
El gobierno de los peores: la kakistocracia, formado por políticos y políticas producto de la democracia degenerada y su simulación, lo son en el sentido más propio que el término "degenerar" tiene en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española: decaer; declinar; corromper; pasar a peor condición; pérdida del aspecto y características funcionales de un organismo; no corresponder una cosa a su primera calidad o estado; desfigurarse una cosa hasta el punto de parecer otra. De hecho el término usado por los politólogos para definir esa simulación democrática: la kakistocracia, proviene del griego kakos (malo: sucio, sórdido, defectuoso, inhábil). Tales son algunas de las características de buena parte de los integrantes del gobierno de los peores, con independencia del partido del que proceden.
Uno de los más acabados ejemplos en sin duda Emilio Gamboa Patrón. Desde hace cuatro sexenios, cuando apareció como secretario particular de Miguel De la Madrid, ha sido uno de los hombres de más poder en el país: integrante de gabinetes presidenciales, senador y ahora diputado. Sus conversiones con Kamel Nacif, emergidas a la luz pública, son el fiel retrato de la decadencia por la que atraviesa la clase política mexicana.
Si antes las corruptelas eran posibles ocultarlas bajo la alfombra, o como dice Serrat, una buena dosis de tufo a colonia y honor bastaban para "ocultar oscuras intenciones", hoy se ha instalado el desparpajo y el cinismo.
Así, los que ayer apenas falsearon la elección y violentaron la República, hoy llaman a acatar la ley.
Los que han degenerado la democracia y sus instituciones, desfigurándolas hasta el punto de ser ya serviles instrumentos al servicio de una camarilla, hoy convocan al respeto de las instituciones.
Los que sembraron de encono a la sociedad en el proceso electoral, hoy llaman a la paz y la unidad.
De aquella sublimación de una falsa República objeto y construcción del lirismo encendido de la retórica priísta, particularmente durante septiembre y las fiestas patrias, hemos pasado con la derecha conservadora y el PAN a la instalación del cinismo.
Hemos transitado así de la República lírica, a la República cínica.
(Artículo publicado en La Jornada San Luis)
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