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Marcelo y la tentación del autoritarismo

  • 5 may 2005
  • 2 min de lectura

El episodio del desafuero pone de manifiesto que la tentación del autoritarismo en México continúa vigente y al alcance. Esto es así porque en el incipiente proceso de democratización por el que atravesamos, todavía los contrapesos al poder, particularmente al Ejecutivo, no están lo suficientemente consolidados.

En nuestro estado asoman signos preocupantes respecto del avance del autoritarismo en la actual administración estatal.

Lo más notorio resulta ser el dispendio que caracteriza a la actual administración que, sin contrapeso alguno, destina recursos sin apegarse a la normatividad establecida en la Ley del Presupuesto de Egresos. Suntuosos y onerosos eventos como Nuestra Belleza y Espacio 2005, por citar los más conocidos, en los que se han ejercido recursos cuyos montos son similares o hasta superiores a los que en todo un año ejercen algunos de los más pobres municipios del Estado, se han realizado con partidas presupuestales que no estaban destinadas expresamente para tal efecto, contraviniendo así el específico mandato del artículo 113 de la Constitución del Estado, y que solo a condición de torcidas interpretaciones de la ley por parte de las dependencias del gobierno estatal son indebidamente justificadas. No solo son gastos no previstos en la ley sino que, peor aún, indebida y forzadamente ajustados a ciertas partidas presupuestales resultan, para colmo, excedidos a lo autorizado por la ley. Gastos discrecionales que han terminado por beneficiar hasta a familiares cercanos, como el caso de los realizados en el Estadio de beisbol 20 de Noviembre, y que fueron adjudicados de manera directa sin concurso o licitación alguna, es otro ejemplo.

Esta compulsión al gasto suntuoso, excedido y discrecional, alimentada por la concepción que de su gobierno tiene el propio Marcelo De los Santos, se ejerce hoy día con un notorio descuido de las formas y el desdén por los señalamientos públicos.

Y precisamente en lo anterior se manifiesta otro factor importante que apunta al avance de la tentación del autoritarismo: la ausencia de contrapesos políticos que limiten, no solo el gasto, sino el ejercicio mismo del poder. Instituciones sumisas, dóciles y complacientes encabezadas particularmente por el Congreso. Seguido de otras más que, por diversas razones, no acaban por constituirse como contrapesos efectivos y eficaces, tales como el Poder Judicial, la Comisión de Derechos Humanos y la Comisión de Garantía de Acceso a la Información, por citar algunas. A ellas, aunque de naturaleza distinta, debe añadirse el PRI que no acaba de saber lo qué significa ser oposición.

Otros posibles contrapesos, sino sumisos y complacientes, sí débiles como el PRD, la sociedad civil organizada y algunos medios de comunicación, no parecen ser suficientes en el ánimo de la administración estatal para corregir el rumbo. Inclusive tales actores suelen ser objeto del desdén oficial.

Sin embargo, y de manera más alarmante, parece configurarse un aumento en la escalada del autoritarismo al pasar, cada vez con mayor frecuencia, del mero desdén a la represión directa de los grupos disidentes como ha quedado de manifiesto en la estrategia seguida contra algunos líderes del interior del Estado y el Sindicato Independiente de Trabajadores y Trabajadoras del Gobierno que encabezan los reclamos por el despido de los empleados domésticos de la Casa de Gobierno.

(Artículo publicado en La Jornada San Luis)


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